Artículo de Opinión: "Los 300 y las guerras médicas, honor, valor... y logística", por Juan Pablo Pardo Retortillo.

Artículo de Opinión: "Los 300 y las guerras médicas, honor, valor... y logística", por Juan Pablo Pardo Retortillo.

Autor: Juan Pablo Pardo Retortillo

Inmortalizada por segunda vez en el cine, la batalla de las Termópilas se nos presenta como un episodio histórico de gran valor y heroísmo, en el que unos pocos hombres se enfrentan a todo un gran ejército. Pero esta batalla, encuadrada históricamente durante las Guerras Médicas, encierra otras muchas enseñanzas, así ¿sabían que el factor logístico fue determinante para la decisión estratégica de aguantar a ultranza en las  Termópilas? ¿Conocían que el inmenso ejército persa contaba con una planificación logística que puede considerarse un modelo a seguir por los ejércitos del futuro?.

CAUSAS DE LA GUERRA.

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Año 545 a.C., el Imperio Persa domina el mundo conocido. Desde la India a Turquía, y desde Egipto hasta el Mar Caspio, cuenta con innumerables recursos logísticos de todo tipo: hombres y caballos para el ejército, comida y cosechas en abundancia, y una organización eficiente de los asuntos del Estado.

Esta arrolladora fuerza, al mando de su Rey Ciro el Grande, acaba de conquistar las florecientes colonias comerciales griegas que existían en las costas occidentales de Asia Menor (actual Turquía).

Pero, aunque asentados en territorio asiático, los griegos son un pueblo occidental en su mentalidad y…….en su logística, así, aunque el Rey persa Darío I trató de gobernar las ciudades griegas con tacto y procurando ser tolerante, siguió la estrategia de sus antecesores de dividir y vencer, apoyando el desarrollo comercial de los fenicios, que formaban parte de su imperio desde antes, y que eran rivales tradicionales de los griegos.

Además, los griegos sufrieron otros duros golpes a su economía y comercio:

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- La conquista de Egipto tuvo efectos negativos en las actividades griegas en su floreciente suburbio de Naucratis.

- La conquista persa de la región de los estrechos de la Propóntide, incluida la ciudad de Bizancio, llave del Mar Negro, había paralizado el comercio entre Jonia y el Ponto Euxino.

- Y la caída de Sibaris, uno de sus mayores mercados de tejidos y un punto de apoyo vital para el comercio.

Además, tenemos que contar con el marcado carácter cerrado y centralista de la economía del Imperio Persa, con lo cual dicho Imperio no podía ofrecer oportunidades de gran importancia económica a las ciudades griegas orientales, cuya expansión anterior había sido marítima, ellas se encuentran en la periferia de un mundo que no mira a occidente sino al interior, de ahí la necesidad de los griegos de Asia de librarse de la opresión mediante la revuelta.


LA REVUELTA JONIA Y EL APOYO GRIEGO.

Por todo ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria, abiertas al comercio con Jonia y beneficiarias de su prosperidad, enviaron algunos barcos (25 en total). Esparta, encerrada en la economía peloponésica, defrauda a los griegos que la consideraban prostatés Helládos -protectora de Grecia.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La victoria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios y, sobre todo, la intervención de los atenienses, habían convencido al Rey persa Darío de que, para asegurar su dominio sobre las ciudades griegas de Asia Menor, debía controlar todo el Egeo y extender sus dominios por Europa sometiendo a las polis de la Grecia europea: comenzaban las Guerras Médicas (nombre tradicional heleno, pues los griegos llamaron "medos" a persas y medos).

PRIMERA GUERRA MÉDICA.

La preparación logística de la campaña por parte Persa es impecable y obedeció a las siguientes consideraciones básicas:

- La campaña debía ser lanzada en primavera o verano, cuando el clima beneficiaba las operaciones militares y el abastecimiento, las cosechas se habían recogido y los graneros estaban llenos.

- Ningún sistema de abastecimiento a base de carretas (medio de transporte de la época), podía garantizar un adecuado suministro a una fuerza tan considerable como el ejército persa, con lo que la logística correría a cargo de buques de la flota que irían siguiendo a las tropas terrestres por la costa griega. Esto limitaba las operaciones persas pero garantizaba un adecuado suministro en una zona tradicionalmente pobre en recursos como Grecia.

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Así, y tan sólo dos años más tarde de la revuelta, se prepara la primera expedición punitiva contra Grecia, al mando de Mardonio, el yerno de Darío I. A la concentración, a principios del 492, de la flota y el ejército persa en Cilicia, le sigue el inicio de la expedición por tierra y por mar, la cual somete la región de Tracia y Macedonia, ocupando Thasos y sus minas continentales, explotando el litoral para construcciones navales, llegando, a lo largo de la costa europea, hasta Acanto.

Sin embargo, los persas no habían tenido en cuenta las tormentas y tempestades repentinas del mar Egeo, así cerca de la mitad de la flota persa es destruida en una noche por una tempestad mientras doblaba el Monte Atos. A partir de este momento el suministro logístico quedaba interrumpido y Mardonio, con gran prudencia, ordena la retirada del ejército, lo cual no desalentó a Darío sino que lo empuja a una segunda expedición.

Esta segunda expedición, considerada como la auténtica Primera Guerra Médica, tuvo el carácter de una expedición marítima de castigo. Dos años más tarde (490) toda la armada, infantería y caballería es embarcada, a las órdenes del medo Datis y del sobrino de Darío, Artafernes, con rumbo hacia Eubea y el Atica, haciéndose a la mar en el verano de 490 a.C (época propicia para la logística), conquistando las islas Cícladas (Naxos); Delos también, pero es respetada; Caristo, en Eubea, es tomada y destruida y también Eretria, como represalia a su intervención en la revuelta jonia.

Posteriormente, el ejército persa (estimado en unos 25.000 hombres y mil jinetes), comandado por Datis, desembarcó en la costa oriental del Ática, en la llanura de Maratón, lugar recomendado por Hipias (anterior tirano de Atenas) para ofrecer batalla, por considerarla el mejor lugar para que actuara la caballería persa, sin embargo, la brillante táctica de ataque del estratega griego Milcíades, propició una brillante victoria de las tropas atenienses (entre 10.000 y 15.000 hombres) y el fin de la ofensiva persa que no pudo conquistar el Atica. Es de reseñar que los ejércitos estuvieron enfrentados durante ocho días antes de la batalla, lo que indica que el suministro del ejército persa desde los buques funcionaba perfectamente.

La derrota de Maratón, considerada el “dolor de parto” que acompañó al nacimiento de Europa, dejó en Darío un enorme deseo de revancha, pero antes tenía que invertir todos sus esfuerzos en la sublevación de los egipcios y en la reforma de las instituciones y la logística persas.

No obstante, tanto griegos como persas aprendieron valiosas lecciones que tendrían un peso decisivo durante la segunda y definitiva Guerra Médica, principalmente:

- Los griegos, tras analizar las armas y los prisioneros persas en Maratón, se dieron cuenta que su armamento, coraza y disposición de combate (la Falange), era muy superior a las formaciones persas.

- Los persas contaban para la segunda Guerra, con una “cabeza de puente” en Europa (Tracia y Macedonia), desde la que avanzar hasta Grecia.
Era preciso tener en cuenta la vulnerabilidad de la flota persa (de la que dependía la logística del ejército de tierra) frente a las tormentas y tempestades repentinas y violentísimas del mar Egeo.


SEGUNDA GUERRA MÉDICA.

Tras la muerte de Darío (486), su hijo Jerjes subió al poder, ocupándose los primeros años de su reinado en reprimir revueltas en Egipto y Babilonia, y preparándose a continuación para atacar a los griegos. Antes había enviado a Grecia embajadores a todas las ciudades para pedirles tierra y agua, símbolos de sumisión. Muchas islas y ciudades aceptaron, pero no Atenas y Esparta. Se cuenta que los espartanos respondieron a los embajadores "tendréis toda la tierra y el agua que queráis", y los tomaron y arrojaron a un pozo. Era una declaración de intenciones definitiva.

Así, desde el 484, el nuevo Rey Jerjes comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia. Dichos preparativos incluían una espectacular logística para la época:

  • - Dado que en la anterior guerra, la flota (y con ella la logística y la campaña) había sido destruida por una tempestad, en el año 493 comenzó la construcción de un nuevo canal que atravesaría la península de Calcídica. De ese modo, su flota no tendría que exponerse a las tempestades que asolaban el mar junto al monte Athos y se evitaría la catástrofe naval del 492. La obra duró 3 años.

  • - La organización de depósitos de víveres y materiales en distintos puntos de la carretera costera de Tracia y Macedonia (su “cabeza de puente” europea) por donde había de pasar el ejército en su camino a Grecia. En cuanto a la capacidad de dichos depósitos, nos podemos hacer una idea si tenemos en cuenta que, por ejemplo, en Masada, existían cisternas de 3.300 metros cúbicos, con agua y provisiones para 1.000 personas durante 10 años.

  • - La construcción de un doble puente flotante de barcos a través del Helesponto para facilitar el paso de las tropas (¡increíble realización que recuerda a los famosos puentes bailey de la 2ª Guerra Mundial!). La construcción de un puente de barcas en el Helesponto, entre Abidos y Sestos, fue una empresa formidable para su época; incluso en la actualidad representaría un esfuerzo notable. La primera tentativa fracasó; pero la segunda, dirigida por el ingeniero griego Harpalo, obtuvo el resultado apetecido, y quedaron tendidos dos puentes de barcos, a base de trirremes y pentecontoros o galeras de cincuenta remos, unidos por seis largos cables, cuatro de lino y dos de papiro (traídos de Egipto). Encima se apoyaba una pasarela de tablones. En total, se utilizaron 314 barcos para el puente del oeste y 360 para el del este. Centenares de embarcaciones fenicias fueron contratadas para que unidas entre sí, hicieran de puente y el gran ejército pudiera atravesar el Helesponto. Hizo falta una semana entera para que todas las tropas pudieran cruzar. Algunas venían desde las zonas más remotas. Incluso había cuerpos del ejército que habían recibido la orden de acudir al gran punto de concentración seis meses antes.

  • - También puso en marcha un gran proyecto de red de caminos que permitiera una mayor y mejor comunicación entre los lugares más importantes y distantes del imperio, una de aquellas carreteras llegó a tener casi 2.700 kilómetros y unía Sardes y Susa. A modo de áreas de descanso, como en las modernas autopistas, se dispuso que cada cierto número de kilómetros hubiera siempre una posta con caballos para los relevos de los mensajeros imperiales. Contingentes de caballería tenían la obligación de patrullar por las principales rutas para garantizar la seguridad de las caravanas y del comercio.

  • - Pero no sólo las necesidades de víveres eran enormes, también el material de guerra se debía transportar en grandes cantidades, se ha calculado que un número hipotético de mil arqueros persas relevados por otros mil podían lanzar, siguiendo el método de disparo a ciegas pero en masa, veinte mil flechas en sólo un minuto. Si el número de arqueros era aún mayor, los estragos (y las necesidades logísticas de flechas) podían ser incalculables.

  • - Sin embargo los persas no parecen haber prestado especial atención a la superior capacidad de combate de la formación griega (la Falange), y su mejor armamento y coraza, confiando en que la superioridad numérica aplastante les daría la victoria.

Semejantes preparativos logísticos, y con los limitados medios de la época, harían palidecer a numerosos logísticos militares de todas las épocas, incluida la actual. La contratación de medios logísticos de los diferentes pueblos del imperio (barcos fenicios, papiro egipcio, …), la preocupación por preservar la flota (y la logística) de las tempestades, la elaboración de una red de caminos, la acumulación anticipada de víveres y material a lo largo de la ruta de ataque, y la espectacular organización en la activación de los diferentes cuerpos del ejército según su distancia al punto de concentración, indican una mentalidad de auténticos profesionales de la guerra, de los que se preocupan de la logística como base del éxito.

Pero los griegos no permanecían indiferentes ante tamaña amenaza, en fecha tan temprana como el 481 ya habían formado una liga defensiva de varios estados helenos, cuyas tropas fueron encomendadas al mando espartano y su flota al ateniense. Además, el pueblo griego iba a contar con un líder de los que Dios hace surgir en cada pueblo en circunstancias especiales: el ateniense Temístocles, el cual “era un hombre que mostraba indudables cualidades de genio; aun así, en este caso particular merece admiración extraordinaria. Por sus propias dotes naturales, no formadas ni desarrolladas por el estudio, se erigió en juez inmejorable dentro de una de esas crisis que no admiten indecisiones ni demoras, y en el mejor profeta del futuro, hasta sus más distantes posibilidades. Hábil intérprete teórico de todo cuanto cayera dentro de la esfera de sus actividades, no carecía de condiciones para juzgar adecuadamente aquellas cosas en las que carecía de experiencia. Podía también adivinar de manera especial el bien y el mal, ocultos en el nebuloso futuro. Tanto si consideramos la magnitud de sus cualidades naturales, como la destreza en la aplicación de las mismas, debemos considerar a este hombre extraordinario como superior a los demás en la facultad de hacer frente de manera intuitiva a cualquier contingencia importante”.

Temístocles, consciente de que sólo una marina poderosa podría salvar a Grecia, persuadió a la Asamblea ateniense para tomar una decisión de logística de alto nivel: destinar todos los recursos de un nuevo y gran yacimiento de plata a la construcción de 100 trirremes en vez de repartirlo entre los ciudadanos atenienses.

Finalmente, en agosto del 480 (diez años más tarde de la primera guerra médica), el poderoso ejército de Jerjes, estimado en cerca de 300.000 hombres, el 10 por ciento caballería y alrededor de 700 naves (fenicias, jónicas, chipriotas, egipcias), miles de ovejas y vacas, esclavos, y mejor equipados que los anteriores, cruzó los Dardanelos por el doble puente de barcas y siguiendo la ruta de la costa se adentraron en la península griega. Uno de los mayores ejércitos de la antigüedad se había puesto en marcha, nuevamente en verano (época propicia para la logística) y con la mitad de la flota (350 naves) formada por unidades de transporte logístico.
los_300_4_opt ESTRATEGIA GRIEGA: EL FACTOR LOGÍSTICO.

Demostrando una profesionalidad militar similar a la persa, y consciente de que el enorme ejército persa dependía de su marina para subsistir, la liga de defensa griega decidió que la mejor estrategia a seguir era contener al ejército persa el máximo tiempo posible, mientras la furia del mar Egeo, con sus tempestades y tormentas repentinas, iría disminuyendo la flota del enemigo. Finalmente cuando estuviera seriamente dañada o disminuida, se lanzaría al combate a la escuadra de combate griega.

Así, bajo el mando de uno de los diarcas espartanos, Leónidas, 7.000 infantes se apostaron en el estrecho y obligado punto de paso del desfiladero de las Termópilas y 271 naves mandadas por Temístocles lo hicieron en el cabo Artemisio.

Detenidos en las Termópilas por el increíble valor, la superioridad táctica de la Falange griega y al hecho de que la estrechez del desfiladero anulaba la superioridad numérica persa, Jerjes malgastó un tiempo precioso. No obstante, el plan griego no había tenido en cuenta la previsión logística persa de construcción del canal para evitar las tempestades del mar Egeo, y la flota persa no sufrió daños de consideración en ese periodo de tiempo, aunque existen indicios de que al sexto día el ejército persa empezó a tener problemas logísticos, en especial el forraje de los caballos (problema logístico número uno de la antigüedad), cosa totalmente normal en un ejército de tamañas proporciones que se encontraba estacionado (la logística y los medios de transporte de aquellos tiempos exigían un ejército en continuo movimiento en busca de nuevos recursos alimenticios), lo cual no hace más que reafirmarnos en la extraordinaria hazaña logística del ejército persa al conseguir aguantar tanto tiempo estacionado sin grandes problemas logísticos.

Finalmente, después de varios intentos fallidos de romper la defensa griega, los persas fueron informados por un tránsfuga de la existencia de un sendero en la montaña que les conduciría a la retaguardia de los griegos, atacados por el frente y por la espalda, Leónidas y sus hombres decidieron asumir hasta el final la defensa y resistieron durante dos días, con grave daño del enemigo, pero fueron exterminados, aunque ganaron un tiempo precioso. El combate final de este puñado de hombres incrementó rápidamente la fama del valor de los espartanos, posteriormente se levantaría en ese lugar la inscripción: "Viajero, ve y dile a Esparta que hemos muerto por cumplir con sus sagradas leyes".

Cuando llegaron las noticias de la muerte de los defensores de las Termópilas y del avance del ejército persa hacia el sur, los barcos griegos partieron, atravesando el Euripo hacia las costas del Atica.

La ruta hacia Grecia central estaba abierta al ejército invasor y Jerjes no encontró resistencia en la Lócride, Fócide y Beocia, mientras los atenienses evacuaron la ciudad: una pequeña guarnición quedó en la Acrópolis, pero el resto con sus bienes fue trasportada a Trecén, Egina y Salamina. El ejército de Jerjes, con contingentes de griegos septentrionales que se sumaron a sus tropas, tomó Atenas y la Acrópolis, desguarnecida y evacuada, en septiembre y la entregó al fuego.

Tras casi dos meses de campaña, y habiendo recorrido miles de kilómetros con un ejército inmenso, Jerjes podía estar satisfecho de sus preparativos logísticos, pues el ejército persa se mantenía convenientemente abastecido y la campaña parecía acercarse a un final victorioso.

SALAMINA: SE ROMPE EL “CORDÓN UMBILICAL” LOGÍSTICO.

Sin embargo, el 22 de septiembre del 480, la flota griega al mando de Temístocles, única esperanza, fingió una retirada para atraer a las naves de Jerjes (fenicias y griegas) al estrecho paso que separaba el promontorio ático de Egaleo de la isla de Salamina, en condiciones que impidieron a los persas explotar su superioridad numérica. Allí la pericia ateniense y la maniobrabilidad de sus 180 naves infligieron una fuerte derrota a la armada persa.

Jerjes, que presenció impotente la batalla desde lo alto de una colina, comprendió amargamente la nueva situación:

- Ya no existía posibilidad de mantener abastecido un ejército tan numeroso, ya que los griegos dominaban el mar, lo cual obligaba a una retirada de al menos dos tercios del ejército.

- Y, lo más importante, ¡la armada griega podía destruir el doble puente del Helesponto y aislar el ejército en terreno enemigo y privado de líneas de abastecimiento!. Además, el invierno se aproximaba y se haría más difícil sostener la campaña.

- Además, esta victoria griega podía provocar revueltas en las ciudades jonias que habría que sofocar.

Inmediatamente, y sin obstinarse en mantener la estrategia anterior (como harían posteriormente a lo largo de la historia muchos reyes y generales), Jerjes asumió profesionalmente las nuevas circunstancias logísticas y los barcos persas que quedaban, y una parte del ejército de tierra, volvieron al Helesponto para proteger la línea de retirada y posibles revueltas en las ciudades jonias debido a la derrota.

El resto del ejército persa (unos 80.000 hombres), al mando de Mardonio, invernó en la ya conocida “cabeza de puente” (Tracia y Macedonia), ya que en dicha zona se habían acumulado suministros y las líneas de comunicación con Asia eran cortas, es decir, podía mantenerse abastecido.

Jerjes envió embajadas para negociar la paz con los atenienses, pero el esfuerzo fue inútil. Hasta tal punto había calado en la mentalidad griega del siglo V la interpretación de las Guerras Médicas como la supervivencia del Hellenikón, entendido como unidad de sangre, de lengua, de ritos y costumbres, frente a lo extranjero, es decir, como la defensa de la libertad y civilización griega de la esclavitud y barbarie que suponen los persas; que ésta es la respuesta que Herodoto pone en boca de los atenienses: "ni encierra tanto oro en todas sus minas el globo entero de la tierra, ni cuenta entre todas sus regiones alguna ni tan bella, no tan feraz, ni tan preciosa, a trueque de cuyo tesoro y de cuya provincia, quisiéramos los atenienses pasarnos al medo con la infame condición de la esclavitud de Grecia...".


PLATEA: UN FINAL LOGÍSTICO-TÁCTICO.

Al llegar la primavera, el ejército persa de Mardonio (80.000 hombres con una notable caballería) se sintió lo suficientemente fuerte para avanzar de nuevo hacia el sur y los atenienses evacuaron su ciudad para refugiarse en Salamina. Los persas quemaron de nuevo Atenas. Es de señalar que este ejército ya tenía las dimensiones apropiadas para autoabastecerse por tierra (desde su base de Tebas), sin depender del apoyo, por otra parte imposible, de la flota.

En agosto, tras graves tensiones y pese a las acostumbradas dilaciones espartanas, al fin se decidió el envío de un ejército griego al mando del espartano Pausanias (conocido por su sangre fría). Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se iban a enfrentar al superior ejército persa en la llanura de Platea, en una batalla en la que, pese a que la última palabra la iba a tener la superioridad de la Falange griega, todo iba a girar nuevamente en torno a la logística.

Así, la carencia de un suministro adecuado de agua en Eritra, llevó a que los dos ejércitos se mantuvieran enfrentados a ambas orillas del río Asopo, del que se abastecían pese a estar casi seco debido a estar en pleno mes de agosto, aunque la situación griega era mejor por abastecerse también del manantial de Gargafia, situado a retaguardia. Esta situación se mantuvo por espacio de ocho días, lo que indica que contaban con un eficaz servicio de abastecimiento.

Pero esta situación de bloqueo táctico no podía mantenerse logísticamente por mucho más tiempo, afortunadamente, al octavo día un tebano llamado Timegénidas advirtió a Mardonio que vigilara los pasos del Citeón, por donde afluían a diario convoyes de refuerzos y provisiones para los griegos (su “cordón umbilical” logístico). Ante esta información Mardonio, realizó una incursión con la caballería durante la cual se sorprendió y destruyó a un convoy de aprovisionamiento compuesto de 500 bestias de carga, sin perdonar la vida a hombres ni animales. Este es un ejemplo perfecto de ubicación de la masa en el punto débil del enemigo para combatir con ventaja y ganar, justo lo contrario que iba a cometer el mismo Mardonio un día después y que le costaría la vida y perder la guerra.

Impaciente por aprovechar la nueva ventaja y explotar la difícil situación de los griegos, y quizá también porque el aprovisionamiento de su ejército, en especial la caballería (el eterno problema logístico del forraje), se estaba haciendo difícil, se planteó una ofensiva en toda regla, obligando en un principio a los griegos a retirarse, tras de lo cual cegó el manantial de Gargafia antes de que un contraataque griego recuperase el terreno perdido.

Dándose cuenta de que el manantial era irrecuperable, y con la ruta logística bloqueada por la caballería persa, la posición griega resultaba insostenible logísticamente, por lo que decidieron retirarse ordenadamente. Aquí fue donde Mardonio cometió el típico error persa de subestimar la superior capacidad táctica y combativa de la Falange griega y ordenó un ataque en el que cometió errores tácticos que permitieron a las Falanges griegas romper una y otra vez las formaciones persas, pereciendo el mismo Mardonio en el combate y quedando derrotado el ejército persa, mientras los griegos capturaban un gran botín en el campamento persa. Díez días después de su victoria los griegos cercaron Tebas, y al vigésimo día de asedio la base de Mardonio se rindió, terminando así la gran amenaza que se había cernido sobre la Grecia europea.

“Verdadero duelo mortal entre occidente y oriente, estas batallas nos sitúan en el umbral del mundo occidental del porvenir, en el que el intelecto griego trazaría los cimientos de siglos venideros. No existen en la Historia dos batallas más portentosas que Salamina y Platea; forman los pilares del templo de las épocas futuras, sobre los que descansa toda la arquitectura de la historia de Occidente.”


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