Artículo de Opinión: "Se buscan líderes", por José Antonio Aguilar.

Artículo de Opinión: "Se buscan líderes", por José Antonio Aguilar.
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José Antonio Aguilar
Socio Director General
Socio Colectivo de ADL

Hace unos días, me llegó a la bandeja de entrada del correo electrónico, uno de esos ‘newsletters’, con sabor americano, a los que te suscribes alguno de los días que ejerces de internauta. Por un momento, reparé en el mensaje que me transmitían: “Un líder ha de tener dos características básicas: credibilidad e integridad”. Cuando lo leí, pensé que estaba de acuerdo con ello.

Pero por otro lado, me vino a la mente, el paralelismo que puede existir entre dos conceptos que, aún siendo semejantes, en muchas ocasiones difiere en gran manera, como lo son el de líder y el de jefe (o mando, o directivo, o ‘manager’, o como queramos llamarle, a aquellos profesionales que tienen a sus órdenes a otros profesionales). Reflexionando, constaté la gran diferencia que existe, en muchas ocasiones, entre aquel (o aquella, léase también, la versión femenina) que es jefe, y aquel que además es líder.

Volviendo a los dos atributos del principio, procedamos a realizar su análisis. ¿Qué es la credibilidad? No he mirado el diccionario, pero a mi buen saber y entender, consiste en que tu entorno (y tú mismo) te crea, es decir, que no defraudes ni engañes las expectativas que en ti ha depositado mucha gente, entre ellos, tus colaboradores. Pero además, también consiste en la relación que se establece entre las decisiones tomadas de manera correcta, sobre el total de decisiones tomadas. Si este ratio es elevado, tu acción te conduce al prestigio personal, y éste, por ende, a la credibilidad delante de los demás.

En cuanto al otro concepto, el de la integridad, su análisis pudiera ser más intangible o complejo, pero absolutamente necesario tenerlo en cuenta en estos tiempos que corren. Veamos, podemos tomarlo desde dos vertientes: la de ser (y parecer) una persona honesta, y la de ser una persona comprometida (otro modo de honestidad), con la tarea y cargo desempeñados, contigo mismo y con tu circunstancia. La evidencia es muy tozuda, y el día a día hablará y mostrará cuál es el perfil de integridad del líder.

Pero, ¿qué ocurre en algunas -¿muchas?- ocasiones? Pues que ha llegado a escalar la cima del mando, alguna persona que no lo merece, por la falta de las dos condiciones mencionadas en este artículo: o no tiene la capacidad suficiente para ello (el ‘Principio de Peter’ en acción), pero ha llegado hasta esa jefatura, por cierto nepotismo; o bien, por estar en el lugar adecuado, en el momento justo. En ambos casos, ni la credibilidad ni la integridad van a sobresalir, puesto que si no se sabe, no se tomarán decisiones correctas, y porque la ausencia de ejemplo en cuanto a honestidad y compromiso, conducirá a los colaboradores a no confiar en la integridad de su supuesto líder.

Y, paradójicamente, se produce un efecto contrario, profesionales que ya están en la empresa, con dotes naturales de liderazgo, se quedan tapados por los falsos líderes en el escalafón jerárquico, en un ejemplo manifiesto de despilfarro de talento, el último tipo de ‘muda’ definido por los estudiosos de la materia.

Ser jefe es un ‘status’, al que uno puede llegar por méritos propios o por los motivos no tan meritorios, expuestos anteriormente. Ser líder es algo más complicado, porque además de las habilidades naturales que un individuo pueda tener, hace falta sentirlo como una ‘manera de vivir’. No es tanto un tema de ‘know-how’ o de ‘expertise’, como lo es el ser jefe, sino de personalidad y valores.

Para concluir, busquemos más líderes y menos jefes. Personas que impulsen, que motiven, que ayuden, que supervisen, que exijan, en definitiva, que sean un referente para sus colaboradores en aras a mejorar el desempeño y el rendimiento de nuestras empresas.

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