|
Autor: Juan Carlos Viela
Las nuevas construcciones destinadas a almacenes de propósito general suelen tener alturas libres mínimas entre 10 y 12m. Existen almacenes cuya altura supera los 20m, que responden a necesidades concretas de las mercancías y de su operativa.
Actualmente existen empresas especializadas en la promoción, venta o alquiler de naves industriales. Casi todas ellas construyen edificios altos, pues es muy poco lo que sube el coste de construcción frente al de edificios bajos.
Muchos de los edificios tienen una planta de gran superficie, las economías de escala consiguen reducir ciertos costes unitarios.
El coste del suelo (que suele estar unido a su escasez) es un factor determinante de la altura de un edificio, a mayor coste del suelo, mayor altura del edificio.
Si el propietario de una nave no encuentra el cliente adecuado, siempre tiene la opción de dividirla horizontal y verticalmente, lo que amplía sus posibilidades de rentabilizarla.
Las empresas que deciden construir su propio almacén pueden optar por edificios altos o bajos. Todo depende de las limitaciones con las que se encuentren.
No cabe duda de que la altura de una nave condiciona los procedimientos de manipulación de mercancías y los medios necesarios para moverla, y por tanto, los costes operativos del almacén.
La decisión de la altura del edificio no es la más importante al abordar la instalación de un nuevo almacén. En bastantes ocasiones es la primera que se toma, pues se piensa que almacenando en edificios altos se necesitará menos superficie, y por tanto, se tendrán menores costes. La contabilidad de muchos almacenes indica que los costes del edificio no son los mayores, hay otros que tienen un peso específico bastante superior.
Por tanto, el objetivo a perseguir no es minimizar los costes del edificio, sino los costes operativos anuales (edificio, instalaciones, movimiento de materiales y servicios auxiliares), teniendo en cuenta las limitaciones reales, los riesgos que puedan sobrevenir y situaciones de oportunidad.
En ausencia de limitaciones, el volumen (m3) que ocupan las existencias de cada una de las referencias almacenadas es, sin duda, un factor clave para decidir la altura del edificio. Altos volúmenes por referencia inducen a almacenar en edificios altos, y viceversa.
La cantidad de referencias mantenidas también tiene una influencia notable sobre la altura idónea del edificio de almacén. Cuando son pocas, prima el criterio del volumen por referencia, no es así cuando son muchas.
La tendencia natural es disponer sobre el suelo una cantidad de unidades de todas las referencias a mantener, con el propósito de preparar pedidos con rapidez. Si hay que trabajar con muchas referencias se necesitará mucha superficie y se empleará gran cantidad de tiempo en paseos durante la manipulación de mercancías. Este desequilibrio se compensa de varias maneras, pero siempre con la finalidad de agilizar la manipulación, y dentro de edificios altos:
- Construyendo entreplantas allí donde se dispone de mercancía de bajo volumen por referencia y los pedidos se preparan por procedimientos manuales clásicos (división vertical).
- Disponiendo sistemas de almacenamiento con pasillos estrechos, en donde mover las mercancías con ayuda de máquinas recogepedidos de alto nivel.
- Instalando sistemas de almacenamiento compactos y automatizados, que acercan las mercancías a las personas que las manipulan (paternóster, miniloads, etc...).
Las áreas geográficas con alta densidad de población y tejido industrial tupido presentan unos elevados costes de suelo, pudiendo llegar a ser los más importantes del almacén. Lo habitual es que en ellas se construyan edificios de almacenamiento altos.
Las empresas con disponibilidad de terreno edificable en sus fábricas suelen construir edificios de almacenamiento altos con los que obtener la capacidad de almacenamiento que precisan. Técnicamente puede no ser la mejor solución, pero puede ser la mejor opción cuando se tienen en cuenta los extracostes de transporte de mercancías a un almacén ideal fuera de la fábrica.
Construcciones fabriles de poca altura que han quedado en desuso se aprovechan con frecuencia para albergar almacenes. Son edificios ya amortizados en los que el espacio no se aprovecha bien y la manipulación de mercancías resulta ineficiente. Sin embargo, acaban siendo la opción, pues los costes de rehabilitación son sensiblemente menores que la compra de nuevos terrenos y la construcción de un edificio idóneo.
No se pretende inducir a pensar que los edificios de almacenamiento tienen que ser altos.
Los grandes centros de distribución combinan edificios altos y bajos adosados, en los que se llega a una solución de compromiso entre los costes de edificios e instalaciones, y los de manipulación.
Por lo general, los recambios y accesorios de maquinaria no requieren edificios altos, tampoco los libros y discos, los productos farmacéuticos, la cosmética selectiva, la moda y el calzado, y otros muchos productos.
No se puede concluir, a priori, la altura que debe tener el edificio de almacenamiento. La naturaleza de las mercancías y las cantidades a almacenar son las que, en primer lugar, apuntan a la altura que debería tener el edificio, pero no hay que olvidar el entorno y las circunstancias que rodean a la empresa.
La altura del almacén viene dada por el coste operativo anual mínimo que arroja uno de los varios escenarios de actividad que se simulan, con las limitaciones que conlleva.
La rapidez con la que hoy en día se quieren solucionar los problemas provoca que no se emplee apenas tiempo en estudiar el edificio y el lugar idóneos para albergar el almacén. Se tiende a encontrar un edificio ya construido que pueda ser útil, y diseñar sobre él, con algún que otro problema, las áreas y la organización de las operaciones. Resumiendo: consiga un loft, arréglelo, organícelo y decórelo a su gusto.
|