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La sociedad está constituida por individuos que, a su vez, forman grupos organizados con o sin ánimo de lucro. Asimismo, la sociedad requiere para su subsistencia que dichos grupos provean de servicios y productos que cubran las necesidades de los individuos. Para conseguir este objetivo, las organizaciones se han de servir de un patrimonio particular de los individuos, sus datos de carácter personal, con los que los identifican. Estos datos se segmentan según gustos, aficiones, características, afiliaciones, ... para que las necesidades particulares de los individuos coincidan con sus deseos, y no exclusivamente con las necesidades o fines de dichas organizaciones, política esta que a largo plazo acaba destruyéndolas.
El mérito de las organizaciones en la gestión de la oferta y la demanda consiste en una comunicación en la medida exacta para alcanzar esa concordancia, su objetivo principal. A cambio, se produce un retorno sobre la inversión, más un margen adicional beneficioso, que se retroalimenta de forma natural y hace el sistema sostenible. Esta gestión eficiente subsiste de forma perdurable si se controlan tanto las políticas que lo permiten y como la cultura del contexto. De lo contrario, la idea principal se pervierte y la necesidad y desesperación del lucro por subsistencia conducirán indefectiblemente a un desproporcional esfuerzo en recursos. El espejismo del camino fácil desemboca inevitablemente en derroche de recursos.
En la sociedad actual de la información, en continua evolución, dicho modelo perverso e insostenible no tiene cabida. El consumidor dispone de medios de acceso fácil e inmediato. El exceso de información le obliga a ser selectivo, y a hacer coincidir sus deseos con sus necesidades. De ahí que las últimas doctrinas del marketing han demostrado la alta eficacia del marketing relacional, el marketing social y por último el CONSUMERING (último postulado del gurú y visionario Philip Kothler).
A este respecto, tracemos la línea de la evolución histórica en la sociedad en este último periodo, que ha acabado en distintas revoluciones paradigmáticas, produciéndose distintos puntos de inflexión en los que, si las organizaciones no han asimilado esa nueva cultura, le ha ocasionado su desaparición o supervivencia forzada y agónica:
- Mediados SIGLO XX: Oferta escasa/información escasa/ Demanda Alta = La oportunidad estaba en la Oferta y/o la información (era productividad).
- Finales SIGLO XX: Oferta excesiva/información escasa/Demanda proporcional = La oportunidad estaba en la información (era marketing).
- Comienzos SIGLO XXI: Oferta excesiva/información excesiva/Demanda selectiva = La oportunidad está en la selectividad (era relaciones).
Ante esta nueva situación, en los países del mundo desarrollado, los legisladores han promulgado leyes y normativas equivalentes a la española LOPD y su reglamento (RLOPD). Con ellas se pretende crear un marco legal para que las organizaciones implanten un sistema de Buenas Prácticas que evite la colisión con los derechos fundamentales de los individuos, en relación con los datos de carácter personal. La única vía posible en esta nueva era pasa por el establecimiento de Buenas Prácticas Empresariales. Éstas se definen como una serie de compromisos de actuación que trascienden la normativa, y cuya finalidad es la de incrementar el nivel de calidad y seguridad de los datos de personas físicas internas y externas a la organización.
Los servicios de consultoría de Gesprodat están precisamente dirigidos a mejorar la política de BUENAS PRÁCTICAS EMPRESARIALES y, por ende, la Responsabilidad Social Empresarial, así como, indirectamente, la Corporativa, dado que este esfuerzo se traduce en una mejora en el tratamiento y la consideración de las personas, por la preocupación en el trato de sus datos personales, especialmente cuando son de cierta sensibilidad. No se trata de un gasto exigido por ley, sino de una inversión que optimiza resultados en RRHH, Marketing, Compra, y finalmente en la alta dirección y su imagen corporativa.
Las empresas responsables se reconocen como agentes activos de la sociedad y generan relaciones armónicas y óptimas con Proveedores, RRHH, Clientes, Accionistas, etc... Su supervivencia depende del manejo eficaz de estas relaciones, para lo que una Política de Buenas Prácticas Empresariales resulta indispensable, de la misma manera que la atención óptima a los requerimientos de los clientes garantiza el éxito a la organización.
Una metodología que innova los procedimientos habituales de gestión de la información, consigue la implantación eficaz del conocimiento generado en la organización y trata con calidad a las personas y sus datos. Así se optimizan las políticas de Buenas Prácticas Empresariales y, por tanto, aumenta la competitividad, la fidelización de los clientes, la retención del talento humano, la buena reputación corporativa y la sostenibilidad del negocio.
"Aquellas empresas para las que la implantación de la LOPD y su reglamento son actividades periféricas, lo más probable es que pierdan oportunidades de conseguir ventajas competitivas y por su sostenibilidad".
El European Competitiveness Report 2008 de la Comisión Europea afirma que existe una relación entre la responsabilidad social y la competitividad. Su impacto positivo más consciente se da en tres variables:
1) Recursos humanos.
2) Gestión del riesgo y de la reputación.
3) Innovación.
En ocasiones las empresas no se plantean el impacto que tienen sus proveedores, ni lo que mejora la cadena de valor el hecho de contar con proveedores calificados: se traduce en competitividad y las sumen en el proceso innovador. Asimismo, no tienen en cuenta el pago adecuado y a tiempo por los servicios recibidos y creen que comprar más barato es sinónimo de eficiencia. Otro requisito de buena gestión consiste en exigir a los proveedores buenas prácticas en sus relaciones laborales, tributarias y ambientales. De esta manera, se crea un círculo virtuoso en el proceso industrial que se denomina promoción de la RSE, y permite:
- Reforzar la confianza y la comunicación con los stakeholders.
- Sacar a la luz las prácticas innovadoras y socialmente responsables.
- Fortalecer la reputación de la institución y, en el caso de las empresas, atraer nuevos inversionistas y el acceso a nuevos mercados.
- Mejorar la gestión interna, pues aporta una visión integral de la organización.
¿Estamos en la línea correcta? "No puede haber negocios exitosos en una sociedad que fracasa".
El Presidente del Consejo Mundial Empresarial para el Desarrollo Sostenible fija esta frase como guía para que las empresas adquieran un auténtico compromiso con la sostenibilidad en sus diferentes ámbitos de actuación. El enunciado no pretende que, al optar por la RSE, las empresas promuevan acciones filantrópicas, sino que trasciendan el facilismo en su relación con la sociedad y que aspiren a la innovación, al igual que lo hacen en sus propios negocios. Si logran desarrollar planes de negocio para ingresar en mercados dinámicos y competitivos, deben ser capaces de replicar esa creatividad en las demandas de la sociedad. Si bien éstas no son actividades del core de su negocio, sí son conscientes de su obligación para el desarrollo del civismo.
Autor: GESPRODAT, S.L.
Socio Colectivo de ADL |