Artículo de Opinión: "La paradoja de la prodigalidad", por Salvador Martínez Part.

Artículo de Opinión: "La paradoja de la prodigalidad", por Salvador Martínez Part.

Es sólo un título. Es un título que me obsesiona.

Es el título que me viene a la cabeza reiterativamente cada vez que pienso en el enfoque que determinados “servidores públicos” (políticos con mando en plaza), con capacidad de “desarrollo presupuestario” (ejecución de gasto público), utilizan para evaluar su desempeño.

Como en “Alicia a través del espejo”, hay dos mundos: nosotros nos desenvolvemos en el mundo de la Empresa y conocemos sus reglas y singularidades, pero coexiste con el otro. En el mundo al otro lado del espejo la realidad está distorsionada, o quizá sólo sea otro modo de verla, pero sus reglas se nos muestran completamente diferentes, contrapuestas.

Nuestra tarea, como Logísticos, está siempre ligada a la optimización, a la búsqueda de la máxima eficiencia. Todo recurso es escaso y nuestra misión consiste en sacarle el máximo partido posible.

Nos desenvolvemos mediante el análisis de indicadores (nuestros vigilantes KPIs) que constantemente miden la eficiencia con la que hemos sacado partido de los medios disponibles, porque la eficacia directamente se nos impone, es una exigencia primordial. Primero, garantizar la consecución de los objetivos. Después, justificar el haberlo conseguido con la mínima cantidad posible de medios. O viceversa: con unos medios determinados justificar haberlos utilizado para obtener el máximo rendimiento posible. Esto es optimizar, esto es la Logística, esto es el uso eficiente de los recursos.

Pues bien, hay otro mundo (de pequeños nos decían, en un país muy, muy lejano… pero ahora no es un cuento y estamos en ese país, lo tenemos aquí) donde a un responsable (el gobernante) sus interventores (la oposición) son capaces de echarle en cara no haber “consumido” el presupuesto (sí, no se le piden cuentas de cómo lo ha empleado, ni se le reconoce por lo que haya podido ahorrar manteniendo la consecución de los objetivos propuestos), donde se mide la importancia de un área determinada para la gerencia (gobierno) no por la dedicación, el desempeño, la atención o los planes de mejora, sino por la cantidad de medios ADICIONALES que le dedican, y así se lo recriminan los supervisores (leal oposición) para ganarse el favor de los auditores (votantes), donde la penalización a un área problemática consiste en incrementar una y otra vez el presupuesto asignado (premiando de ese modo la ineficacia). Es el otro lado del espejo. Es la otra cara de la moneda.

Es en ese mismo lado donde una instrucción no cumplida se refuerza con otra nueva más fuerte, y esta a su vez con otra de mayor calado y así por siempre o hasta que se solucione sin intervención directa alguna, porque el seguimiento de la realización, del modo de ejecución y del desempeño no es la norma de control.

¿Por qué tanta divergencia de criterios entre los dos mundos, entre los sectores privado y público? Nadie ha concluido jamás que los criterios empresariales fueran válidos para uno sólo de estos ámbitos. La utilización de criterios logísticos en las empresas ha requerido un importante esfuerzo de formación y divulgación, y un alto grado de implicación de los profesionales (caminos estos en los que ADL se ha destacado por su propia esencia constitutiva como asociación y como referente, dados sus objetivos fundacionales).

Tal vez ha llegado la hora de que a los elementos responsables de la ejecución y de la decisión en los gobiernos públicos se les vaya transvasando desde la Sociedad Civil esa cultura de optimización y de eficiencia que evidentemente necesitan para la gestión de sus (nuestros) recursos. Tal vez haya que implementar “acreditaciones para el desempeño público” que capaciten a los candidatos, amén de la victoria política, para los puestos que impliquen capacidad sobre el uso de los recursos públicos.

La situación actual lo requiere. El futuro esperado lo demanda. Y nosotros, desde este otro lado del espejo, lo ansiamos ardientemente.

Es la lógica petición para que los recursos que aportamos al erario público sean gestionados con la misma reconocida eficiencia con la que gestionamos los que se nos encomiendan en nuestras empresas.

Evidentemente es un desiderátum, no podría ser de otro modo, pero hablamos de cuentos, y si de cuentos se trata, soñar es lo que corresponde. La prodigalidad pertenece al pasado. Han de emplearse planteamientos logísticos incluso (especialmente) al “tirar con la pólvora del Rey”, y nosotros lo podemos exigir, pues somos los suministradores de dicha “pólvora”. Lo que estaríamos planteando es la necesidad de mejora continua, también, del “Supply Chain Management” de la “Pólvora del Rey”.

Autor: Salvador Martínez Part
Consultor-Formador.
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